A la sombra del aeropuerto

noviembre 26, 2012 No Comments »
A la sombra del aeropuerto

Aeropuerto sin aviones de Castellón

Ya lo decía a principios de esta misma semana Carlos Fabra: los «detractores» del aeropuerto sin aviones de Castellón han conseguido que se conozca a la polémica infraestructura «hasta en China», donde al parecer los periodistas le preguntaron a su amigo y artista de cabecera, Juan Ripollés, sobre la misma. Pero lo cierto es que, aunque el caso del aeródromo de Vilanova d’Alcolea, que continúa cerrado casi dos años después de su pomposa inauguración, es el más comentado tanto dentro como fuera de las fronteras provinciales, no es, ni de lejos, el único edificio que permanece inactivo pese a estar listo para funcionar en territorio castellonense.
Existen decenas de ejemplos, entre los cuales destaca la popularmente denominada biblioteca sin libros de Vila-real, inaugurada en abril de 2011 pero que, por el momento, sólo ha tenido usos temporales que, en ningún caso, han estado vinculados a la función con la que se ejecutó.
El proyecto, que se desarrolló dentro del denominado plan municipal de obra pública del PP y se adjudicó el 14 de septiembre de 2009 al equipo formado por OAB-Carlos Ferrater y a la empresa Becsa, supuso una inversión de cuatro millones de euros, de los que el consistorio aportó 1,7 y los otros 2,3 están cargo a la Conselleria de Cultura, que por ahora sólo ha hecho efectivo el pago de 75.000.
En mayo de 2011, y tras el cambio de gobierno, el cuatripartito liderado por el socialista José Benlloch trató de desbloquear esta situación, pero el impago de la deuda autonómica, dicen, imposibilita la contratación del personal necesario para abrir la biblioteca de la avenida Pío XII, temporalmente reconvertida en almacén del Banco de Alimentos.
Sin salir de Vila-real, otro caso paradigmático: el del Centro de Tecnificación Deportiva. Este macrocomplejo, valorado en más de 26 millones de euros y que dispone de un pabellón polideportivo con capacidad para 4.000 espectadores, una piscina cubierta climatizada de 25 metros y ocho calles y una residencia para albergar a 50 estudiantes deportistas de alto rendimiento, fue inaugurado por todo lo alto por el expresidente de la Generalitat Valenciana Francisco Camps unas semanas antes de las elecciones locales y autonómicas de 2011. «Es un edificio único y de primer nivel», dijo entonces el popular. Pese a ello, la instalación todavía no ha podido abrir sus puertas.
También en Benicàssim existen varios ejemplos, como el del centro de formación juvenil y el nuevo tanatorio, financiados con cargo al Plan E impulsado en su día por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero; o el CEAM, a cargo del Plan Confianza o Plan Camps. Obras que, aunque se espera que vean la luz muy pronto, llevan paradas más tiempo de lo inicialmente esperado.

Crisis e impagos

La crisis, los impagos de unas u otras administraciones, los desacuerdos con las constructoras y también el empecinamiento de algunos políticos son la principal causa de una congelación urbanística sin precedentes que, en muchas ocasiones, perjudica a los colectivos más débiles, como los mayores o los enfermos.
Ocurrió con el centro de Alzheimer Gran Vía de Castellón, hoy en marcha tras casi tres años de ‘lapsus’; y ocurre con el centro de día para dependientes que se levantó con cargo al Plan E en Vinaròs y que ahora se estudia abrir, eso sí, previa privatización de su gestión.
También cerrados a cal y canto, y a la espera de la financiación necesaria para su reforma y posterior apertura, hay otros tantos edificios. Los antiguos juzgados de la plaza Borrull de la capital de la Plana, la antigua delegación de Hacienda o la Fábrica Dávalos son sólo algunos de ellos. Proyectos e inmuebles en desuso que quizá no protagonizan reportajes en la televisión francesa ni artículos a toda página en el periódico norteamericano ‘The Times’. Proyectos e inmuebles vacíos que, desde luego, no costaron los 151 millones que costó el aeropuerto de Castellón, pero que verdaderamente suponen un más que innecesario sobregasto para las administraciones.
Y es que, en muchos casos, los mismos ayuntamientos que ven cómo modernas infraestructuras acumulan polvo mes tras mes sin que nadie las utilice, tienen que hacer frente al alquiler de locales para dar servicio a sus conciudadanos.
Y sí, puede que nadie en Pekín pregunte a Ripollés por la biblioteca sin libros de Vila-real o el CEAM aún en obras de Benicàssim, pero lo cierto es que en Castellón son muchos los que cuestionan el futuro de instalaciones que en su día se vendieron como imprescindibles pero de las que hoy poco se sabe.

Extaido de lasprovincias.es

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